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Cuando una sexy chica se enamora del hombre equivocado… ‘He isn’t the one’ #ploc


“After he left I cried for a week and I then I realized I do have faith in my self, faith that would one day meet someone who would be sure that I was THE ONE ! ” CB

“Après qu’il fut parti, j’ai pleuré pendant une semaine… Après je me suis rendu compte que j’avais confiance en moi, j’avais foie de rencontrer un jour quelqu’un qui serait sûr que j’étais LA BONNE!” CB

“Después de que se fue, lloré durante una semana… Y luego, me di cuenta de que tenía fe en mí misma.  ¡La fe de que algún día encontraría a alguien que estuviera seguro de que yo era LA INDICADA!” CB

En inglés, en francés en español… No importa en qué idioma. Lo que sí importa es que hace unos días que veía (por enésima vez, yo creo) el capítulo final de la primera temporada de Sex and the City, la frase de mi adorada Carrie Bradshaw se quedó grabada en mi mente. Y es que, me identifiqué, tanto con el capítulo, como con la frase. Pues si he de hacerles otra de tantas confesiones queridos, es que  hace algunos ayeres me sucedió lo mismo que a mi entaconada heroína.

Si ustedes son fans de Sex and the City, seguro saben que la protagonista es una periodista treintañera, free-lance (que tiene una columna semanal llamada Sexo en la Ciudad, en un afamado diario neoyorkino) y que aunque aparentemente es hueca y apasionada solo de la moda y los cócteles, en realidad es un amor de mujer: una persona inteligente, trabajadora, buena amiga, generosa y… con el defecto de la gran mayoría de nosotras… soñadora de conocer a su alma gemela, a su alter ego, al indicado… 

Bien, durante las 6 temporadas de la serie, mi querida Bradshaw sufre por el amor del señor Big, su príncipe (no tan azul, pero sí de alma medio negra). El hombre que tras un encuentro casual y un choque de miradas, atrae su atención de forma inesperada … El hombre con el que sale después de muuuchas semanas de encuentros casuales y una que otra charla telefónica…  y del que se enamora como estúpida tras una primera cita que degeneró en besos desenfrenados y una noche de pasión y… de ruido en el colchón.

Y es que así es Carrie, no es una liberal y fogosa como su amiga Miranda. Ni recatada y persignada como su otra amiga Charlotte… Ni fría como Miranda… Carrie es simplemente una mujer que cuando se trata de amor, sigue lo que le dicta el corazón… Y no escucha a la razón.

Bueno, es en la primera temporada cuando mi amiga entaconada conoce a Mr. Big. Un tipo que no es ni el más galán, ni el más romántico del mundo, pero sí  el hombre que roba su corazón. A ese reencuentro casual y al azar, le siguen fines de semana de locura, cenas en sitios de ensueño, caminatas eternas, detalles, noches desenfrenadas, más fines de semana en el apartamento de Big… Big, Big, Big, Mr Big., quien hasta cocinaba para Carrie y la consentía con bolsos excéntricos y vinos franceses… Big, con quien es claro que existe una relación de pareja, de amor. Y es que tanto ella como él, están de acuerdo que tienen una relación de pareja.

Una relación con Big… Big, quien durante un año entero, sin saberlo, se robó el corazón de mi periodista rosa. Big, quien se dio a la tarea de preparar unas vacaciones paradisiacas en pareja, para disfrutar con Carrie Bradshaw… Big, quien justo antes de partir de vacaciones con Carrie, se topa con ella en la iglesia(donde éste se hallaba con su madre) y en vez de presentarla como su novia, la presenta… como “su amiga Carrie”. #plocccccc

Obviamente que eso le rompe el corazón a la protagonista de mi idolatrada serie… Pues… ¡Después de casi año de relación! ¡Después de meses y meses de noviazgo! ¡Después de incontables fines de semana! ¡De incontables veladas! Y Big no presenta a Carrie como su novia… #toing

Obvio que Carrie Bradshaw le reclama al susodicho, por qué no la presentó como lo que ella era: la novia.

Big responde que después de dos matrimonios fallidos, no quiere presentar a ooootra persona y no quiere anunciar ooootra relación… Una vez más… Sí, queridos, esa es la respuesta de Mr. Todo-menos-perfecto

Obvio que Carrie se halla decepcionada y con muchas dudas…

… El día que la pareja debía partir a sus soñadas y paradisiacas vacaciones (todo pagado por Mr. Big) Carrie se queda estática en la puerta principal del edificio donde se halla su apartamento. (Maletas al ras del suelo). Aunque Big le dice que se apresure, que estarán en retardo para el aeropuerto, Carrie insiste en que él le responda a una importante pregunta:

“Dime si yo soy la indicada. Solo dímelo”… (Y es obvio que tras varios meses de relación, mi Bradshaw tenía razón de preguntarle eso al tipejo, y con más razón después de ver que no la quiso presentar formalmente, que no le proponía que vivieran juntos, que no había implicación fuera de los bueno momentos, los fines de semana divertidos y las vacaciones prometidas).

“Oh, Carrie, date prisa. Vamos a perder el vuelo”, es la respuesta de Big.

Carrie insiste en preguntarle a Big si ella es la elegida. La mujer de su vida… Y es que mi Carrie ya desde esa primera temporada estaba enamoradísima de Big. Enamorada hasta los huesos. No tenía ojos para otro. Big era el elegido para ella. Con todo y sus defectos…

Desafortunadamente, el cabrón de Big no responde a la pregunta de mi adorada Carrie. Su respuesta es: “¡Carrie, Carrie. Vamos a perder el avión!”… En fin… Todo tipo de comentarios, excepto una respuesta concreta a la importante pregunta de mi entaconada amiga.

¿Qué pasa? Que Carrie se bloquea y dice: “no, no. No puedo. No puedo ir contigo”. Y sí, flacossss. A pesar de que Carrie ya tenía sus maletas hechas, a pesar de que Big había comprado los tickets de avión, pagado los hoteles y todo el paquete… Carrie prefiere terminar su noviazgo en ese momento, pues ella está convencida que si no es la elegida, la mujer amada por ese hombre que se ha convertido en su todo… Entonces, ella no no es una mujer solo para buenos momentos, ni la compañía para unas vacaciones, ni la scort para acompañar a Mr. Big en su apartamento de soltero (por mucho que él le preparara pastas y con un buen tinto o el desayuno en la cama)…

¿Por qué les cuento toooodo el capítulo y enredo por el que pasó Carrie en la primera temporada, queridos? Repito, porque cuando lo vi me sentí identificada. Sí, identificada con un capítulo de mi vida que para mí fue muy importante y muy fuerte. Un capítulo que nunca he confesado a nadie, pero que hoy… Agárrense, se los comparto… Y es que, aunque seguido me pasan cosas inimaginables y graciosas, historias que bien pudiera contar, esta mañana, camino al trabajo, pensé en ese capítulo de Carrie y la “ELEGIDA” (y cómo no, después de haberme aventado un maratón de Sex and the City para darle batalla al insomnio… Y más insomnio me dio, y me quedé picada con la serie, como siempre).  Pensé en Carrie, pues me identifiqué muchísimo, ya que hace algunos años viví una situación muy, muy similar. Una historia con un chico que en algún momento fue para mí “THE ONE”, “LA BONNE PERSONNE”, “El ELEGIDO”, “El BUENO”…

Les cuento… Fue hace algunos ayeres… Yo comenzaba a trabajar como periodista de Tendencias y estilo de vida para una empresa editorial española muy buena ondita. Como siempre, estaba feliz con mi trabajo, pero al igual que Carrie, no tenía el supersalario. Y es que yo no tenía mucha experiencia, flacos. Acababa de terminar la carrera y tras un stage (servicio social) me habían contratado por primera vez en los medios.

Vivía en la colonia Cuauhtémoc, en un apartamento pequeño, pero muy chévere, con un pequeño jardín, cava de vinos, vista al Ángel de la Independencia… ¿Qué más podía pedir siendo una recién egresada? Yo estaba súper contenta y seguía disfrutando de las miles de la gloria que provoca ser recién egresada de la carrera de periodismo. Me sentía grande por haberlo logrado. Y lo mejor, con un primer contrato. Una primera oportunidad en mi campo de acción. ¡Nada mal!

Un día, el señor Cupido, el azar y mi charming (al diablo la falsa modestia) hicieron de las suyas… #up!

Recuerdo que estaba en el súper, formada en la caja, solo para pagar un paquete de tampones, chips de dieta, una botella de vino tinto y aspirinas (¡qué combinación! ¡Qué vergüenza!) Sí, solo 4 productos (y eso que yo iba solo por los tampones, de urgencia). La caja estaba hastaaaa el pitollll (o sea, todo lleno)… Y yo tenía prisa y urgencia por pagar, ir a casa, bañarme, maquillarme, vestirme (siempre elijo mi outfit el mero día), elegir los tacones que usaría y salirrrrr corriendoooo al jobbbb… (Yo entraba a las 9:30 am, flacos, y ya eran las 8:20am… tardísimo… perdí mucho tiempo en el súper, y todo por haber analizado la tabla nutricional de chips lights… #ploc)… La opción era… O aventar todo como no queriendo en algún anaquel, correr como despavorida a una farmacia y pedir una caja de tampones (que en realidad era lo único que necesitaba) y correr nuevamente para hacer todo lo que tenía qué hacer y llegar puntual al job… O… aguantarme y llegar tarde al trabajo… Estaba a nada, a nada de morderme las uñas y arruinar mi manicura en color rojo, cuando entonces sucedió… Un chico de ojos lindos, barba de candado hermosa, figura monona… En fin, ¡un cuero, caray! ¡Un cuero! ¡Un cuero que justo estaba en primer lugar de la fila de la caja 7en la que yo estaba formada, me hizo señas.

Como no queriendo, voltée (ya saben, haciéndome la desentendida… actuación bastante estúpida de mi parte).

–       Señorita, ¿es lo único que va a pagar?

–       Sí.

–       Pase, pase. No va a esperar mil horas para pagar soloe so.

–       Gracias – dije, sin darme cuenta que me salía una vocecita de caricatura japonesa doblada al español (estilo Saylor Moon, o no sé. Ya saben, cuando una quiere hacerse la de la voz sexy, y sale voz de escuincla). Sentía como mis mejillas se coloreaban de rojo, sin embargo, traté de guardar la compostura y claro, ¡rápido! Directito a la caja. Volví a agradecer al chico, pagué y salí corriendo como loca (para colmo iba en short deportivo, tenis y top… (había ido al gym muy tempra). Llegué a casa e hice lo propio…. Bañarme y arreglarme en friega. No sé cómo logré secarme el cabello y plancharlo. Les juro, les juro. Pero eso sí, a las 9:50am estaba en el trabajo. Y entaconada y todo. ¡A la línea! Realmente rompí un récord en esa ocasión.

Todo perfecto… Excepto por un pequeño detalle… Justo antes de salir a  comer me di cuenta que había perdido mi teléfono celular #ploc #ploc #ploc

Claro que en ese entonces no estaba tan impaciente. Pues en aquellos años no tenía Internet en mi móvil. , Ni Facebook, ni la app del banco… Es más, Creo que lo único que existía era Facebook…  Y obvio que ni soñar con WhatsApp… Es más, el mío ni siquiera era un Smartphone (les recuerdo que fue hace añísimos)… Más bien contaba con un teléfono portable super contemporáneo pero ad hoc a la época. Y claro, Internet no formaba parte de los servicios… Ni las Apps… Seguramente por eso no era tan dependiente y por tanto, no reparé en la pérdida, sino hasta horas después.

–       Oh my Dior!!! ¿Qué voy a hacer? Le dije a una colega, quien amablemente me acompañó a casa para buscar mi teléfono portátil… El cual no encontré… #toing

Regresando al trabajo, tristísima y convencida que mi celular se había quedado perdido en algún anaquel del Súper (seguro que en el de papas fritas light o tampones), estaba convencida de que no me quedaba más que reportar mi número y prepararme para comprar otro aparato… Pffff…

Y entonces… Lo inesperado  sucedió:

–       ¿Hola? – respondí en mi oficina a un número desconocido que no había cesado de sonar.

–       ¿Sí? ¿Con quién hablo? – me respondió una voz de hombre sumamente varonil y seductora.

–       Paloma López, reportera de la sección Tendencias. ¿En qué puedo ayudarlo?

–        No sé si sea usted o no. Yo encontré un celular en la caja de Superama. Supongo que es usted la chica apurada por pagar los tampones y la misma que salió corriendo tras pagar… ¿Me recuerda? Le cedí mi lugar en la caja… Olvidó su celular tras firmar su boucher y salir corriendo. Yo encontré  el teléfono cuando empacaba mis compras y me atreví a ver los números registrados y… hallé uno que decía “my job”, y marqué y al parecer tuve suerte… ¿sí es de usted el celular? ¿Un Motorola negro con forma ovalada?

–       ¡Oh por Dior! Sííí!!! Acabas de salvarme la vida… ¿Puedo tutearte? Si eres el chico del Súper, creo que tenemos la misma edad… Supongo.

–       Sí, sí, claro. Es más. Me presento. Antonio Blanco

–       Ok, Antonio. Yo puedo recuperar mi teléfono, dime dónde o cómo nos ponemos de acuerdo para hacerlo lo más rápido posible, pues es una herramienta de trabajo importante.

–       ¿Tú por dónde estás?  – me dijo la  voz masculina.

–       La oficina está en el sur, pero normalmente, por mis coberturas como reportera, yo estoy cerca del Centro Histórico. Así que, si te queda podemos vernos cerca de ahí. También, otra cosa, algo que a ti te quede cómodo, pues de verdad que me salvaste de comprar un teléfono nuevo.

–       O.K. ¿Te queda si decimos en la Terraza-Café  del Gran Hotel?

–       ¡¿Ahí?!- dije un poco exaltada.

–       Sí, es céntrico y no hay pierde.

–       O.K. Mañana es viernes y termino más temprano en el job. Si no te molesta, ahí nos vemos a las 8pm. O.K.?  – respondí. Y es que no tenía opción. Se trataba de recuperar mi Motorola (en ese entonces no había iPhone…  Una pena).

–       O.K…

–       Paloma – me apresuré a decir mi nombre

–       O.K., Paloma – repitió mi nombre con un acento super sexy.

Ese día siguió su curso. Jornada de trabajo normal, gym, cena-reunión de jueves con amigas en un PUB… Y el viernes igual. Jornada de trabajo, comida con colegas y… nada de gym por la noche… tampoco pude adelantar trabajo para lunes, pues  salí corriendo del job para acudir al restaurante-terraza del Gran Hotel de la Ciudad de México. Iba a recuperar mi teléfono. ¡Bendito! Eso sí, antes pasé a casa para darme otra ducha y cambiarme. Era marzo y el calor comenzaba a todo lo que daba. Además, había quedado de tomar algo con mi grupo de amigos en un bar del centro. Había quedado de llegar al sitio a las 8:30, a tiempo para cenar y tomar alguito. Después de todo, recuperar mi teléfono me iba a tomar menos de 5 minutos.

Justo a la hora indicada, llegué al sitio. Enfundada en un vestido negro y un par de tacones negros con pedrería del mismo color ¡de infarto! Ya sé, ya sé. Iba vestida para matar, pero era porque tenía una cita con amigos después Lo juro.

Tomé el ascensor vintage del hotel y llegué hasta la terraza, donde mi salvador esperaba en una mesa. No me costó nada dar con él, pues fue él quien me ubicó y me hizo señas desde una mesa, donde ya estaba bien, bien instalado.  Al parecer, el chico (quien gozaba de lindos ojos color miel y figura fina, pero deportiva) acababa de salir de su trabajo, pues su outfit consistía en una camisa de vestir azul, pantalón Armani y zapatos italianos. 

–       ¿Paloma? – Dijo mientras hacía señas y se levantaba de su asiento.

–       Sí. Soy yo. ¡Ah, sí! Eres tú el chico de Superama.

–       Sí, soy yo.

–       Hola – dije con una tímida sonrisa.

–       Hola. Al menos de dónde yo vengo la gente se saluda de beso – dijo al tiempo que se me acercaba para dejar un suave beso sobre mi mejilla derecha. Yo estaba en shock, pues aunque no era un Ricky Martin, el chico-Superama tenía un qué-sé-yo-que-yo-no-sé un ‘algo’ que lo hacía atractivo… No sé, a veces pienso que fueron las feromonas. Pues no era el más galán, pero tenía ´alguito’.

–       Hola. Sorry. Lo que pasa es que yo vengo del planeta Pandora – le dije en son de broma tras corresponder a su saludo –

–       Pues veo que las extraterrestres son guapísimas. Que gusto tener a alguien de Pandora en la Tierra – contestó al tiempo que me hacía la seña para que nos dirigiéramos a su mesa, donde ya había una botella de Chablis enfriándose. ¡Oh my Dior!

Como estúpida lo seguí. Sí. Sin objeción. Sin transición. Estaba en otro mundo. Como Carrie cuando conoció a Big. ¡Les juro!

–       Bueno, pues te entrego tu teléfono. Te juro que no espié nada. No vi nada. No soy un secuestrador – decía, mientras hacía señas al mesero, quien llegó rapidísimo – ¿Me aceptas algo de tomar?

–       Mmmm… O.K. ¿Por qué no? Aunque debería ser yo quien te invite. Me salvaste de comprar un teléfono portable nuevo – dije y tomé mi celular entre mis manos. ¡Yo estaba feliz, feliz, feliz!

El mesero se acercó y en seguida tomó la orden. Un martini para mí y un Diplomático para él.

No sé, no sé, sexis. Lo inexplicable es simplemente eso… Del martini y el Diplomático pasamos a una copa de Chablis… Y la charla surgió. Antonio y yo charlamos de todo y nada. De mi trabajo como periodista, de su trabajo como manager en una consultoría dedicada a las agencias bancarias. De mi pasión por los zapatos, de su pasión por las vacaciones y las carreras de caballos… De mi sueño de escribir un libro y recorrer el mundo, de hacer una maestría en Europa, así como de  su sueño de triplicar sus ingresos para vacacionar  y vivir de un negocio que montaría en algún sitio paradisiaco… En fin. En resumen, queridos, hablamos y hablamos y hablamos sin cesar… Hasta que la cocina cerró y no pudimos pedir nada de cenar… Les juro, esa noche terminamos cenando los cacahuates que el mesero nos había dejado para el aperitivo. Pues con la charla no alcanzamos a pedir nada. Ambos estábamos idiotizados, embelesados.  Para mí había sido un toque de Cúpido. ¡No lo sé! Nunca podré explicarlo…

Nos dieron casi las 2am charlando… Cuando hice conciencia de la hora, le dije a Antonio que debía irme, pues no llevaba auto y debía tomar un taxi.

–       No, no. Yo te llevo a casa – dijo.

–       ¡Oh por Dios, no, gracias! ¡No te molestes! – respondí mordiéndome el labio inferior.

–       No me molesta- Es un placer – me respondió súper galante.

Y así fue, queridos. Me llevó a casa y… nos despedimos en la puerta con un “bye”.

Claro que intentó besarme. Sin embargo, giré mi cara sutilmente y automáticamente su beso quedó en mi mejilla.

Y a la semana siguiente.. ¡Oh sorpresa! Llegando al job un arreglo de lilis me esperaba.

“Tenía muchísimas ganas de enviarte tus flores favoritas. Apenas te conozco y ya te extraño. Besos”, Antonio Blanco. 

Era la locura en mi trabajo. Yo no cabía de gusto. Mis colegas no cesaban de preguntarme quién era ese chico “misterioso” que me enviaba casi 60 lilis en un super arreglo… Mi jefe viendo el espectáculo… Yo estaba supercontenta y avergonzada… Creo que ha sido uno de los días más cursis y especiales, queridos. En serio, ver un arreglo floral de ese estilo me mató… Las tangas sexis que llevaba me dieron vueltas 50 veces. Y no es literal. De verdad que yo no cabía de gusto.

Esa noche recibí un mensaje. Sí, era Antonio, preguntándome si podía marcarme a mi cel.

–       Claro – respondí

Pasamos casi 2 horas al teléfono. Al día siguiente igual, y al día siguiente igual… Y… El fin de semana siguiente estábamos cenando juntos. Sí, queridos, acepté ir a cenar con él. Cena en el Mayor. La vista a La Ciudadela y el menú prometían una noche padrísima.

Atmósfera perfecta, buen tinto, buena música de fondo… No, buenooooo, todo era una maravilla.

Esa noche, tras salir de retocarme el maquillaje, Antonio me interceptó afuera del tocador y… Sí. Sin más, me besó. Ya sé, sexis, van a decir que soy una bitch… Pero, no,. O sea, les juro. Eso era amor. Así, así como al primer latido, amor espontáneo, feeling, no sé, una mezcla de emociones positivas, de sentimientos, todo estaba a flor de piel.

Desde ese día, oficialmente comenzamos a estar juntos.

Me sentía soñada. Un príncipe azul había llegado a mi vida. Un poco más grande que yo , Y por tanto ya con una trayectoria laboral más significativa que la mía, en aquel entonces. Pues yo era una recién egresada y apenas con un primer trabajo como debutante.

Antonio ya llevaba una trayectoria significativa, pues a diferencia mía, él no había hecho estudios universitarios. Más bien él había hecho una carrera comercial a distancia. Y era gracias a su astucia y su buen desempeño que él había logrado ascender en su trabajo y, por ende, tener una posición privilegiada. A sus entonces casi  30 y algunos años, Antonio ya tenía departamento propio (cuando comenzamos a andar hacía un año que acababa de dejar la casa de sus padres), un Contrato de Duración Indefinida (hasta que la empresa cierre o él se fuera por cuenta propia) y… en fin, su vida de adulto bien definida. Tranquilo. 

Yo, como les decía, flacos, recién egresada, veinty poquitos años, apartamento rentado (eso sí, con cava y jardín… y con vista al Ángel de la Independencia, yeah! )  y un Contrato de Duración Determinada (insisto, era recién egresada de la carrera de Comunicación).

“Ay, mi amor, como yo te amo. Te amo fuerte, fuerte, fuerte. De verdad, no sabes lo que significas para mí. Tú y yo juntos siempre, mi amor. Yo nunca quiero defraudarte. Eres lo que yo siempre esperaba. Te admiro tanto por tu belleza, tu profesionalismo, tu independencia, tu autonomía, la pasión por tu carrera… Antes de conocerte yo vivía solo por vivir. Más bien era sobrevivir, pues nada tenía sentido. Hoy, estoy más feliz que nunca. Me encanta nuestra complicidad, todo lo que hacemos juntos, ay amor”…. 

Igual que éste acumulativo de lindas frases y palabras, otros cientos y cientos más se acumulaban en mi mensajería día tras día. Mensajes que me enmielaban y me volvían loquita.

Los “te amo”, los “mi amor”, las palabras llenas de miel siempre estaban presentes.

La cocina de fines de semana en su departamento, tal como las pastas al puro estilo de Mr. Big, los vinos al puro estilo de Mr. Big y las salidas al puro estilo de Mr. Big… Los buenos momentos a la orden del día. Para no hacerles el cuento largo, yo ya no veía ni a mis amigos ni a mi familia los fines de semana. Todo era Antonio, Antonio, Antonio… Y entre semana todo ra adelantar trabajo, trabajo, trabajo, gym, gm, gym, para poder estar libre el fin de semana para Antonio y todavía más buenérrima…

Lilis, orquídeas,  comida rápida, risas, momentos increíbles que realmente atesoro en mi corazón. Risas, escenas de celos, peleas, llantos, planes de viajes juntos, viaaaajes juntos, escenas de celos otra vez, más salidas a fiestas y restaurantes, más palabras bonitas y mensajes de amor…. Más peleas por celos y acusaciones. Chismes y malentendidos por comentarios sin sentido en Facebook… Más escenas de celos de Antonio… y más escenas y enojos de su parte por nada… y es que eso sí… su carácter era impulsivo. Digoooo, yo no soy una pera en dulce, queridos, pero me considero una persona ecuánime y conciliadora. No me gusta el conflicto y mucho menos cuando no hay razón alguna para que se desate.

Más fines de semana juntos (y eso que mi amor en turno vivía en Satélite y yo a pocos minutos del Centrod e la Ciudad de México)… Sí, chicos. Cada viernes, mi terroncito azucarado tomaba su auto para ir a buscarme l trabajo o a casa, donde yo ya tenía que estar lista para pasarla juntos. (Igualito que Carrie y Big, igualito).

“Pal, tú nunca me dices palabras lindas. Yo siempre. Siempre estoy diciéndote cosas lindas. Siempre te hablo por tu nombre de cariño. Siempre te estoy diciendo plabras como amor, mi corazón, querida… Y tú, ¿tú qué das? Seca, fría, distante independiente”, eran los mensajes que comenzaba a recibir yo durante la semana… Sí, mensajes de la parte de Antonio.

Obvio que yo respondía con la verdad. Mi verdad y la VERDAD de cualquier novia enamorada hasta los huesos:

“Cielo, no es eso. Yo soy de las que muestra más con hechos que con palabras. Más que mensajes llenos de corazones, prefiero darte besos frente a frente, decirte a los ojos que te amo, hacerte un cariño… Y ya sabes que siempre después de una pelea o discusión, me bloqueo. Soy más táctil, más de besos de verdad, más de “te amo” frente a frente… Has visto que he sido capaz de dedicarte mis fines de semana, adelanto mis cosas para estar contigo… Y… a decir verdad, hace meses y meses y meses que llevamos esta dinámica… No sé, ¿qué piensas si comenzamos a ver hacía adelante en vez de no ir a ninguna parte? No sé, sé que vives en Satélite y yo en el Centro de la Ciudad de México, pero… no sé, ¿un esfuercito por venir entre semana? ¿Un esfuercito por conocer a la gente cercana a mí? Es cierto que concoces a mis papás, yo a los tuyos. Todo el mundo se lleva bien, peroooo, quisiera que conocieras más mi mundo. Mis amigas, el sitio donde vivo… No sé, igual y… ¿por qué no tener un sitio neutral para estar juntos algunas veces entre semana?”, fue lo que un día di como respuesta al reproche que mi en ese entonces amor en turno me había hecho.

Y es que cada que Antonio me hacía una escena de celos a causa de un cumplido que alguna de mis fotos de Facebook había recibido por parte de algún fan, o a causa de algún piropo de un amigo… O si no era escena de celos, un reproche a alguna “desatención” como no darle un beso antes de ir a tomar la ducha en su casa (pese a que habíamos dormido juntos) , o no reconocer que habíamos pasado un maravilloso fin de semana en Tepoz (eso qué?)… En fin, cada que Antonio me hacía un drama,  yo me ponía más triste. La relación comenzaba a hacerse triste, flacos… Y no estoy haciendo drama, me conocen y saben que soy una persona entera, pero la relación de ensueño, de arreglos de lilis, de palabras lindas, de mensajes tiernos y escapadas a pueblitos mágicos degeneraban en reclamos, en celos, en una exigencia de atención realmente imperativa… Mientras que yo no pedía nada.  Y no exagero. Saben que también tengo mis defectotes… Pero, en esa ocasión aprendí a ser paciente, a guardarme las cosas. A no pedir, pues no necesitaba nada. Nada material, ni un papel. Nada. Yo solo quería sentirme amada. Y llegó un momento en el que ni las lilis, ni las escapadas, ni los fines de semana en los que mi amor me preparaba pastas al puro estilo de Big… Nada de eso me llenaba… Yo no me sentía amada. No avanzábamos. No me sentía importante. Poco importante si aparecía en más fotos de la sala de sus padres y él en la de los míos. Después de todo, la complicidad y proximidad debía ser entre nosotros más que entre nuestras familias, las cuales resultaron perfectas para los protocolos… 

Yo sé, yo sé que yo estaba muy jovencita. Y yo sé que mi galán y yo no llevábamos más que 11 meses juntos, pero amé como nunca flacos, amé hasta los huesos… Amé con todas mis fuerzas y puse todo de mí… ha sido la relación en la que no solo di las tangas, sino que di hasta el alma… la relación en la que he tenido más implicación… Y ha sido la relación en la que me he sentido más sola. Sola pese a los arreglos de lilis, las pastas preparadas a la Mr. Big… sola pese a los fines de semana en Tepoztlán. A veces sentía que al igual que sus carros o su loft, yo era otro adorno lindo para Antonio. Sí, sexis. Me sentía sola y como un bonito adorno al que adornaban más con detalles que hacían felices a mi galán.

¿Por qué? ¿Por qué sola? ¿Por qué como un auto de lujo? ¿Saben cuál  fue la respuesta de mi príncipe azul a mi petición de vernos entre semana o tener un sitio neutral?

“Pero, querida. O sea. ¿Cómo hacemos? ¿Cómo me dices eso? Eres una mujer a la que no le gusta estar encerrada. En tu apartamento tienes jardín y la vista al Ángel de la Independencia. Además, si quieres ir a escribir tus artículos a algún café padre de Reforma, puedes hacerlo. Y tu trabajo está en Insurgentes. O sea, ¿Qué vas a venir a hacer a Satélite? Aquí no hay trabajo para una periodista. No soy tan cruel y egoísta para decirte que te vayas a trabajar a la pastelería o a Mc Donalds. Y todo va por etapas. Por el momento es así. Tú comienzas tu vida profesional, no llevas ni un año en ese medio. Las cosas son así. ¿No puedes comprender? Ah, si no puedes comprender, entonces eres la reina de la ingratitud. De verdad, o sea, yo que te envío lilis, organizo fines de semana a Tepoz, a Hidalgo, a Cuerna… A Puerto Vallarta. A Los Cabos. Eres la reina de la ingratitud, en serio… Yo me corto en 4 por ti, en 4”… me dijo Antonio superindignado. 

No saben sexis, de verdad no saben cómo me dolieron esas palabras. O sea, para comenzar el tipo no se cortaba en 4, NUNCA. Enterito estaba. Sí, sí, o.k.,  yo tenía lilis, y no les niego que regalos muy padres. Que si el iPod, que si el primer iPhone que salió a la venta, que si los fines de semana en Tepoz, que si una escapada a las grutas de Tolantongo con spa incluido, que si un fin de semana en Los Cabos… Sí, no lo niego…

Pero el día de mi examen profesional (ya había terminado la carrera cuando lo conocí, pero justo estaba en proceso de titulación, tesis y… ya saben) , Antonio no estuvo presente. ¿Por qué? Porque trabajaba y no se le ocurrió pedir media mañana para darme una sorpresa… Pero eso sí, Antonio podía pedir ciertos viernes a cuenta de vacaciones para partir a pueblos mágicos que él había elegido para los dos (y obvio, yo también pedía esos viernes a cuenta de vacaciones no pagadas, para poder salir con mi amor).

Otro día que habíamos discutido a causa de un piropo que me había hecho un vecino vía Facebook… Recuerdo que tras la escena de drama… Otro drama de Antonio… perdí el control y le dije que se olvidara de mí.

“Olvida mi nombre, mi apellido y mi dirección. Basta. ¡Se acabó! ¡Estoy harta!”

Colgué el teléfono y en seguida lo desconecté… y claro, apagué mi celular… Esa discusión y azotón de teléfono provocó que Antonio no me llamara durante exactamente 5 días, mismos que había estado en el hospital a causa de mi vesícula (sí, me la extirparon, flacos).… Fue al sexto día, cuando yo ya estaba dada de alta, que el hombre de ensueño, el príncipe azul me recontactó a través de un bonito mensaje que acompañaba a un arreglo de 70 lilis y 30 orquídeas.

“Supe por tu amiga Daysi que tuviste problemas de salud, he estado en contacto con ella. Quería marcarte, pero la última vez estabas tan enojada que… Me dio miedo… Te amo y no te olvido. Te extraño. Espero que podamos hablar pronto. Dime cuando estés lista por favor… Antonio”… 

Obviamente yo estaba dolida, flacos. Pues es en esos momentos donde una se da cuenta de con quién cuenta. Y esos días de hospital, yo estaba sin el que consideraba el amor de mi vida, el dueño de mi corazón, de mis suspiros, de cada respiración. El hombre al que me había entregado en cuerpo y alma. Al que le dedicaba mis logros profesionales. Al que había conocido por una hermosa casualidad… No estaba… Yo estaba rodeada de gente cercana, pero no de la persona que yo hubiera querido que fuese mi alter-ego, no del que yo había designado como “EL INDICADO”… En fin, creo que fue mi corazón quien lo imaginó de esa forma. La idealiziación… Pues yo estaba tan deseosa de sentir el amor, de conocer al príncipe, que había creado uno con ayuda de mi cabecita loca y arreglos de lilis…

Antonio siguió buscándome… vía mensaje… Mensajes, palabras bonitas… Quería que retomáramos contacto… Un día respondí a sus mensajes. Habían pasado ya algunas semanas desde nuestra discusión. Tres semanas para ser exacta.

Pese a mi dolor, yo seguía enamorada. Decidí responderle finalmente.

« Cuando quieras hablaremos. Y tal vez un día podamos ser buenos amigos », respondí vía texto.

« No creo que yo pueda ser tu amigo, pues te amo. No te veo como a una amiga. De verdad que nunca quise hacerte mal, siempre quise lo mejor para ambos », fue su respuesta.

Comencé a llorar. A recordar nuestras escapadas, sus pastas a la Big, sus lilis y sus orquídeas, nuestra primera cena con cacahuates, coctéles y Chablis… su declaración de amor… Las primeras citas, los primeros besos, las noches colmadas de pasión… Los buenos momentos… Olvidé als peleas, las escenas de celos y su carácter colérico… Extrañaba demasiado a mi príncipe… Y caí, queridos. Tras otro mensaje, respondí y acepté verlo.

“Nos vemos mañana a las 7pm, en el café-bar al que nos llevó mi hermana la última vez”, txtotée y envié.

Un choque de miradas y una sonrisa, fue el preámbulo a un “me hace muy feliz verte, me hacía falta, mucha”… Sí, fue la primera frase que lanzó Antonio.

“Si te hacía falta, por qué no fuiste a buscarme? Tú también me hiciste falta los días pasados. Me hiciste falta para levantarme la moral cuando estuve enferma… Y tal vez para pasar un momento en el hospital…”, dije, tranquila, pero dólida, tras escuchar su respuesta. Estábamos en la terraza de un café-bar de Reforma, ambos con una copa de tinto bien acomodadita. La de él a punto de extinguirse (pues Antonio había llegado minutos de anticipación a la cita). Mi copa estaba intacta.

“¡Escucha! ¿Reproches? ¿Reproches? Si soy yo el que te ha estado buscando. Enviando textos, tomando noticias tuyas a través de tu mejor amiga… De verdad, eres la reina de la ingratitud”, decía mientras comenzaba a golpear la mesa. Yo estaba anonadada. ¿Ese era el príncipe azul? ¿Ese era el hombre que había pedido retomar contacto conmigo?

Solo veía como mi corazón comenzaba a hacerse pedazos… No podía seguir ahí. La magia, el príncipe se había esfumado… Me lo habían cambiado…

“¡Y tú, tú no te pones a pensar que sería difícil para mí venir a verte una vez a la semana a la ciudad… O sea, ¿crees que soy el rey Midas? ¿La chica fresa cree que soy el Rey Midas? De verdad, no te pones a pensar en los esfuerzos que hago por ti… Después me hablas de instalarnos. ¿Crees que soy tan egoísta para hacerte ir a vivir a Satélite y hacerte trabajar de lo que sea?”, gritaba el galanazo… de balneario… (En ese se había convertido para mí).

Yo no daba crédito a lo que mis ojos veían. Estaba realmente anonadada. Decepcionada. La persona a la que tenía enfrente no era la misma de la que me había enamorado.

“Bueno, pero… O sea. Para tu tranquilidad yo no me estoy mudando a tu casa. Sabes que tan adulta, entera e independiente soy. Fue una charla. Y no se trataba de mudarse mañana. Simplemente te pedía que vinieras también entre semana, que conocieras más mi mundo. Mi mundo no son solo mis padres y hermanas. Mi mundo también es mi casa, mi trabajo, mis actividades, lo que me gusta…  Y no me estoy instalando contigo… A veces también puedes venir y cenar en casa… No sé, eso sería lindo… Todo es genial, pero no todo son los buenos momentos, también quiero que convivamos en nuestras realidades cotidianas. En los malos momentos. Siento que no avanzamos”, respondí pese a todo el miedo que me daba…

Y es que, flacos… Es lógico, lógico, que en un lapso de casi un año, las cosas tomen cierta seriedad… Sí, a todos nos gustan los fines de semana en Cuerna, las parrilladas entre amigos en Tepoz, una mañana en parapente, a todos nos gustan los vinos, la fiesta… Pero eso no es todo en la vida… Mirar en la misma dirección, estar en los momentos importantes, hacer planes, eso es el AMOR. Y quería por un amor ridículo, enorme, transparente, comprometido, que me viera tanto con bikini y maquillaje Waterprof en la playa, como en una cama de hospital. Un amor con el que pudiera hacer parapente, pero con quien pudiera hacer un domingo de pintura  y pizzas con vino barato… Un amor que me regalara lilis, pero al que yo pudiera darle consuelo cuando tuviera un problema… Un amor donde reinara la complicidad para todo… No solo en la cama, no solo en los fines de semana… No solo en CDMX o en provincia. Sino en mi casa, en su casa, en un sitio neutral… Y si no había sitio neutral, al menos un plan de un futuro juntos (pese a que yo estuviera escuincla). En resumen, el AMOR no estaba allí. Antonio no me amaba.

« Bueno, dime ¿qué quieres ? Por el momento yo no puedo venir a la Ciudad de México entre semana. Es así y no hay de otra por el momento», dijo el príncipe que cada vez tenía más físico de sapo.

« Solo quiero saber que soy para ti. Dime qué soy para ti . ¿Qué significo para ti?» – pregunté con mucho miedo.

« Ya los sabes, Pal. Lo sabes. Eres mi novia querida »– Antonio no respondió lo que yo deseaba escuchar. Respondió su verdad. Yo era su noviecita. Y no había más.

Fue entonces cuando supe que yo no podía seguir en un sitio en el que me sentía un adorno caro y exótico.

“¿Sabes algo? Tú no me amas a mí. Te amas solo a ti. No amas compartir fines de semana. AMAS salir de fin de semana, pero no te atreves a hacerlo solo, ni con una chica equis, por eso lo haces conmigo. Lo tuyo no es compartir. Yo te amo mucho, pero ME AMO MÁS YO. Se acabó”, dije reteniendo el llanto.

“¡Sí, sí, vamos. Bravo. Sigue bombardeando! ¡Anda, sigue! ¡Eso te hace feliz! ¡Gana público con tus telenovelas. Seguro que si saliéramos al aire, todas las sirvientas estarían picadísimas, viéndonos. En serio, con tanta clase que tienes y no sé con qué gatas te juntas, peor te llenan la cabeza de ideas”, Antonio seguía sacando el traste en cada una de sus frases.

“Adiós, Antonio. Ni siquiera pienses en que podamos ser amigos. Que tengas tiempos interesantes”, fue mi última frase. Di un trago enorme a mi copa de vino, saque dos billetes de mi clutch color negro que llevaba ese día para combinar con un outfit monocromático negro digno de Barbie, y lancé los billetes sobre la mesa – yo pago, para no ser tan ingrata.

El galán de balneario se quedó inmóvil.

Salí del lugar y caminé lo más rápido que pude, pese a mis tacones de 10 centímetros de altura. En la primera calle doblé a la derecha. Hallé un bar con terraza y entré sin reparos.  Pedí un cosmos y lo tomé como robot. Estaba totalmente fuera de mí. No pude llorar. Estaba bloqueada. Me había dolido saber que yo no era “LA ELEGIDA”, “THE ONE”…

Tomé mi celular, saqué el chip lo tiré a la basura. Dos días después llamé a la compañía correspondiente para hacer mi cambio de número. Redes sociales cerradas… necesitaba realmente remendar mi corazón.

Estaba destrozada. Sin embargo, al igual que mi amiga Bradshaw, tenía fe. Fe en que un día conocería a alguien especial, alguien que  sabría que yo era la elegida… Después de todo aún quedaba camino por recorrer a mis venti poquitos años… Y muchos sapos qué besar antes de dar con el príncipe…  

Han pasado años y años y años… Y hace unos días, supe por casualidad que Antonio sigue soltero… Continúa viviendo en Satélite, solo que ahora renta su loft y se fue a vivir con sus papás… Una amiga me mostró su foto en un sitio de reencuentros, donde se vende como el hombre perfecto que busca a su alma gemela… A “la buena”, “the one”.

En cuanto a mí. Mi vida ya es presa de otros azares 🙂 … No puedo contarles por ahora. Solo les puedo decir que…lo inesperado es lo mejor… Tan inesperado como un día poder comprarte  un par de Valentino negros, producto de un salario de adulta… Una mujer adulta que ya no se deja embelesar con palabras bonitas y decenas de lilis mezcladas con orquídeas.  Una adulta que se derrite con detalle espontáneo y nervioso, PERO SINCERO… Con un acto de superhéroe en el mundo de los terrenales…  Con un mensaje coqueto, pero no con mil predecibles. Con un detalle que realmente me hace sentir plena… Pero esa, es otra historia, queridos. Cuando llegue el momento se las contaré…

Mientras… A todas las veinteañeras, o treintañeras y hasta a las experimentadas que andan en los 40’s o hasta 50’s y más… solo puedo decirles que se miren en un espejo y reclamen siempre lo mejor para ustedes. ¡Son grandes señoritas! No se conformen nunca con gentes de medio pelo, como dicen por ahí. Pues merecemos lo mejor de lo mejor.

No añoren a nada ni a nadie. Nada ni nadie merece nuestro tiempo, ni nuestros suspiros y menos nuestras lágrimas. Piensen primero en ustedes, en avanzar, en crecer, en TRABAJAR.

Les juro, les aseguro que ese príncipe va a llegar de la forma menos esperada… Les apuesto mi colección de tacones. Y entonces, cada una sabrá que es “LA INDICADA”, “THE ONE” para ese “INDICADO”… ¿Quién les dice que no es un Mr. Big?

¿O ya lo encontraron? Si es así, cuéntenme.

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