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¿Dónde está el sexy papazón de esta princesa? ¿Dónde esta el señor BIG?

“Busco un amor. Una amor real. Ridículo. Inconveniente, que me consuma. Un amor de esos que te hacen pensar que no puedes vivir sin el otro”. Sí. La frase pertenece nuevamente a Carrie Bradshaw.

Y es justo en la última temporada de Sex and the City cuando la rubia de ojos azules la lanza hacía Alexander Petrowsky, el artista ruso que la convenció de dejar su país, su departamento, sus amigas, su trabajo y toda su vida para partir con él a París y formar una vida juntos.

Pese a que todo parecía jugar en su contra, Carrie acepta cambiar de aires y de vida. Todo porque creyó en las promesas de amor de Petrowsky, quien en durante la etapa del flirteo y el ligue, se comportó como un verdadero caballero, pero que una vez que tuvo a Carrie en sus manos… Oh my Dior!!! Dejó de ser el ruso romántico para mostrar su verdadero YO.

Sí, chic@s. El Petrowsky egoísta (y aparte horrible… ploc!), que solo pensaba en tener a Carrie “para la decoración” y que no tenía un solo detalle con ella, la guapa periodista, quien había dejado hasta su amada columna periodística por seguirlo… Petrowsky nunca hizo nada por Carrie. NADA. Pero eso sí, llegando a París le presentó a su ex esposa… (¡Horror!) Insisto, era como si Petrowsky solo quisiera a Carrie para la decoración o para llenar un vacío.

Se atrevió a dejarla sola en la Ciudad Luz… No le importó que ella se transportara a pie en una ciudad que no conocía… pfff… Y no conforme con eso, en la última escena que comparten juntos, el muy infeliz se atrevió a golpear a mi querida Bradshaw (un hombre que golpea a una chica, no es un hombre… Y la persona que golpea, no ama)…

¿Por qué inicio las Confesiones de hoy recordando ese pasaje de Sex and the City? Porque precisamente el día de ayer, chicas, platicaba con una colega chilena muy querida, quien dejó su país para reunirse con un hombre francés en una de las ciudades de este bello país, quien poco a poco la convenció de que vivieran juntos… Y claro, una vez que ella llegó a la tierra de los vinos, el hombre no se preocupó por nutrir el amor que le juraba. Y es que el amor es como una planta, hay que alimentarlo, regarlo, procurarlo. Y hay que comprometerse. ¿Qué es eso de “vente a vivir y probamos”? No, señores. Un hombre enamorado se compromete, le pide a su novia ser eso, su prometida. No la convence con palabras bonitas de irse a vivir así y después dejarla a su suerte… #ploc! Aunque no lo crean, la falta de compromiso hace que las relaciones terminen… Y terminen mal.  Muchas veces, muchas mujeres (y muchos hombres) terminan detestando, odiando a sus parejas, viéndolas como verdader@s tiran@s… y añorando a los ex de la adolescencia.

Mi amiga, a quien llamaré en esta ocasión “Tamara”, recordaba con mucha nostalgia a su exnovio, Gabriel, un chileno con el que salió en su época universitaria y a quien dejó debido a sus estudios.

“¿Sabes, Pal? En ese tiempo no valoré a Gabriel. Y ahora que estoy con mi pareja actual, no sabes cómo añoro los detalles de mi antiguo galán, su romanticismo, sus palabras, el cómo me procuraba, nos íbamos de viaje… Ay… El chico con el que estoy actualmente no tiene ningún detalle conmigo. Es más, me hace pagar las cuentas, soy yo la que paga el restaurante o cuando salimos a un bar, pues resulta que está por perder su trabajo… (Toinggg!!!)… Lo peor de todo es que no paré la historia desde el inicio, no puse límites… cuando me di cuenta que el pobre no podía pagar ni el restaurante… ¿Sabes? Desde la segunda ocasión que me invitó a cenar, me ofrecí a pagar por educación y él, ¡aceptó muy contento! De ahí, yo siempre pago las salidas, pues él dice que vivo en su casa y me da todo”… me dijo mi amiga, con una voz entrecortada… Pffff…

A eso, agreguémosle que mi amiga solo cuenta con su pasaporte y su VISA de turista en Francia, lo cual no le permite tener trabajo, ni estudiar, ni tener seguridad social (que por humanidad toda persona debe tener), ni nada. No hubo ningún compromiso de su querido. Pues él, nunca se comprometió a casarse con ella ni a ayudarla un poco para que ella comenzara a desarrollarse en este hermoso país. Eso sí, le decía que le daba techo, comida, agua caliente y “dos chamarras para el frío” (por Dios, sorry por lo que voy a decir, pero…. Qué tipo tan naco y hambreado… eso es lo más normal del mundo, eso lo hacemos hasta por un extraño que está desamparado).

Siento mucho lo que voy a decir, pero pienso que esa actitud no es la de un hombre. Cuando alguien ama y se da cuenta que una mujer deja su casa, su país y su trabajo, lo menos que puede hacer es comprometerse con ella y hacerla feliz… y claro, asegurarle un bienestar a la persona para que comience a valerse en país ajeno… ¿no creen? Y no como Tamara, que lleva ya 8 meses en Francia sin derecho a trabajar, ni a estudiar, y viviendo de sus ahorros… y todo por un hombre que ni siquiera pudo pagar el restaurante en la segunda cita… ploc!!! (Pero no es la culpa de él, sino de mi amiga… no queramos tapar el sol con un dedo ni hacernos de la vista gorda).

Oh my Dior!!!! No es posible. ¿Díganme que hombre hace eso? Aparte de todo, nunca tuvo un detalle romántico con Tamara… Pffff… Eso sí, le decía que estaba encantado con ella y que quería que fuera su prometida… O sea… Toinggg!!!

De inmediato comprendí lo que sucedía. Sí, chic@s, a Tamara le ocurría lo mismo que a Carrie cuando en vez de hacerle caso al corazón, le hizo caso a la razón (una razón equivocada, ciertamente… pues su galán pintaba ser una verdadera ficha…) y se fue con Petrowsky… En el fondo, Carrie Bradshaw extrañaba a su eterno amor, al señor BIG. 

Y es que… ¿Qué les puedo decir, mis sexis bien querid@s? Pese a que suene a cliché, pese a que suene a típico tópico, es real: ¡en el fondo todas queremos un hombre con el perfil del señor BIG! Y si se puede, alguien sin los defectos de Big. ¡Claro!

O no sé ustedes, pero al menos, yo sí creo que sí existe alguien como Mr. BIG. Un hombre caballeroso, romántico, divertido, con un sentido del humor y una cultura basta, que ama los viajes, prepararle de cenar a su pareja (¿recuerdan las pastas con vino que le preparaba a Carrie?), ser lindo… Enviarle flores, sorprenderla con una cena en un sitio de ensueño… ¡Sí, chicas!

No importa que hoy en día las mujeres seamos independientes y trabajadoras, exitosas y amazonas del desarrollo diario. El hecho de que seamos independientes y de que estemos en 2016 no significa que tengamos que salir con hombres egoístas como Petrowsky o con cualquier pelagatos (o gente de medio pelo, como dicen vulgarmente)… No, queridas. Pese a que somos trabajadoras, estudiadas, autónomas, a las mujeres nos gustan los galantes caballeros que nos conquistan con detalles día a día. Un hombre como el señor Big (claroooooo, en la serie, Big también tenía muchos defectos, pero al menos siempre fue detallista con Carrie, nunca le fue infiel, la procuró, la invitaba de viaje, tenía detalles lindos, la respetó, la tomó en serio, le pidió matrimonio… ¿Recuerdan? Big no era solo palabras. Hablaba poco, pero demostraba mucho… ¡Cuerooo! #papazon).

Y es que, ¿qué es eso de salir con hombres egoístas y todos cahrritos? ¿Qué es eso de salir con hombres que quieren todo fácil? No sé ustedes, entaconadas, pero para mí, un caballero que quiere conquistar a una mujer, en los primeros reencuentros se comporta galante, atento… Como hombre. Y no solo en las primeras citas. Sino SIEMPRE.

No quiero decir que ellos tienen que mantenernos. ¡No! Para nada. Pero, digo. Un chico que quiere salir con una mujer debe mostrar interés. ¿No creen? Al diablo las falsas ideas feministas. No confundamos el verdadero feminismo con la deformación de roles.

Y es que no saben qué coraje me da ver a hombres que, además de egoístas, son mentirosos y que les gusta que los mantengan las chicas. ¡Horror!

Confieso que eso me llegó a ocurrir. En una ocasión, hace ya algunos años (por ahí de 2012) salí con un chico que… No, bueeeenoooo… Superdeportista, guapetón, ojos lindos… Barba de candado, 1.80 metros de altura… El hombre me invitó a salir y no tenía ni idea de dónde ir.

“Buenooo, tal vez le gusta improvisar”, me dije… Pero la improvisación fue un caos. Terminamos en un bar desangelado, tomando vino que yo apostaría era de Tetrapack… Durante toda la cita, el hombre no paró de fumar… Las manos le sudaban. Contaba historias en las que ciertas frases y ademanes delataban que el pobre era un mentiroso sin experiencia… Y eso no fue todo, cuando me cansé de tomar vino en Tetrapack y me atreví a pedir un buen Cosmopolitan, el chico confesó que no llevaba mucho dinero… “Calma, yo trabajo y voy a pagar mi consumo”, dije.

No, bueno. El tipo, hipercontento… Afortunadamente no soy atenida a los hombres, pero… ¿Dónde quedó la galantería? ¿Por qué una persona que no tiene para salir a tomar un drink se atreve a invitar a una chica?… Cof, cof…

En fin, chic@s. No les niego que me divertí escuchando las historias del rubio deportista de barba de candado (dignas de un mitómano que comienza en el oficio), pero al pasar una hora y media, le dije que tenía que irme, pues tenía mucho trabajo.

Claro que se ofreció a llevarme a casa. Y claro, llegando a la puerta de mi casa, quiso besarme. Yo, muy elegante, me alejé y le dije que había pasado una noche muy amena.

“Cuidate mucho. Vete con cuidado”, le dije.

Una hora después, ya tenía mensajes del chico, mismos que no respondí.

¿Saben cuándo volví a salir con él? NUNCA. Y no porque sea una chica material, ni porque sea una chica frívola. Simple y sencillamente no podía permitirme como mujer que me trataran así. Después de vino en Tetrapack, ¿qué seguía? ¿Cena en su casa con el recalentado de la comida que había preparado su mamá? (Porque la noche de los vinos, confesó muy orgulloso que a sus treinta y tantos, vivía en el mismo terreno que su madre y que diario iba a comer con ella y su hermana… horror!… Aparte se dedicó a citar su repertorio de ex novias, así como la apariencia de éstas sin brassier… Nacooo!!!)…

Pasaron los días, y el chico de los vinos de Tetrapack siguió escribiendo. Enviaba mensajes con fotos de flores o estrellitas (sin comentarios) y se atrevió a decirme lo que más temía, que me invitaba a cenar en su casa.

“Bueno, hacemos una velada sencilla para no gastar, pues tengo que comprar unos accesorios para los deportes que practico. Así que te invito a cenar algo sencillo y barato”, dijo en su mensaje.

“Muchas gracias, pero no puedo. Tengo cosas importantes qué hacer, como trabajar, ir al gym, consentirme comprándome un par de hermosas botas y prepararme una deliciosa cena, tomar un buen vino y leer un buen libro. Pero, te deseo una excelente velada. Cuídate”… fue lo que respondí.

De inmediato el chico llamó para disculparse por su noche de vinos de Tetrapack y por haber intentado besarme… obvio que le dije que yo no había apreciado ni su comportamiento, ni su proceder, pero que yo tampoco era perfecta ni era la Divina Providencia para exigir la excelencia, pero que no me podía permitir salir con alguien con quien no me sentía bien.

Y es que, de verdad, de verdad, sexis. No podemos ceder ante personas que no muestran un verdadero interés, a quienes no hacen ni un mínimo esfuerzo. ¿Para qué perder el tiempo con gente egoísta como el novio de Tamara? ¿O que duda al ver la cuenta, pese a que pida vino de Tetrapack?

Creo que hay mujeres que están tan solas, tan ávidas de amor, que están tan cansadas de besar sapos que se pierden, se dejan llevar, envolver, comienzan a permitir cosas y acaban dando todo por nada. (¡Y que me disculpe Tamara!)… Algunas por desesperación, otras tantas por darle un voto de confianza a un hombre que promete ser un príncipe azul… antes de seguir la chispa, la química, el feeling (de eso les hablaré en otra de mis Confesiones, una confesión que sí es muyyyy personal 😉 )…. En fin…

Yo no sé ustedes, chic@s, pero yo ayer, al calor de una buena tabla de quesos y un buen vino, le dije a Tamara que se valorara más y que comenzara a vivir sin esperar nada de su querido galán. Que viviera por ella y para ella. Que dejara a ese sapo que ni con mil besos al día se iba a convertir en príncipe… Y que si bien no le recomendaba salir corriendo a buscar el verdadero amor, ni seguir besando sapos, sí le recomendaba darse su lugar y la oportunidad de conocer a más chicos.

Y que cuando conociera al indicado, ella lo iba a sentir en el alma… (Y no el indicado para toda la vida, pero sí el indicado para comenzar a salir y tener la disposición de conocer). Y es que eso se siente, queridos. El hombre indicado no presiona, no es egoísta, no promete, no habla y habla. Actúa. Como Big, el señor Big. Nos deja ser, nos deja crecer, nos permite desarrollarnos y no le molesta que tengamos éxito profesional.Al contrario, se siente orgulloso de todos nuestros proyectos.

A mis poco más de 200 pares de zapatos y anécdotas, yo les puedo decir que sí creo que existe un señor Big para toda mujer que pese a ser independiente y éxitosa (como nosotras) sueña con el amor. Sí. Sé que existe un Mr. Big para cada una que nos conquistará y logrará que hagamos cosas por ellos sin presionar, sin atar. Un hombre que ama a las mujeres libres, con una profesión digna de apasionarse, un hombre que respetará los tiempos, el trabajo de cada una de nosotras, un hombre que sabe tratar a una mujer como la princesa que es, un hombre que seduzca con sus actos, un hombre que se hará acreedor de nuestros corazones y por el que daremos todo sin que pida nada. Un hombre sin miedo a amar, sin miedo a descubrir los defectos y virtudes de ‘su amada inmortal’. Un hombre que cuidará de su princesa, su integridad y que al menos… No le invitará un vino en Tetrapack para tratar de seducirla… (Jejeje)… Sí, guapas. Yo pienso que sí existe. ¿Dónde está? No lo sé. Eso no se busca, cuando llega, se percibe. Y mientras ese hombre llega, no besen sapos… ¡Evítenlos! Mejor salgan de shopping a comprar unas hermosas botas como las mías. 😉

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