El pobre infeliz y la adorable cínica que me hicieron pensar en la felicidad
- Paloma López

- 22 jun 2019
- 6 Min. de lectura

“Un día me dijeron que la felicidad es no querer moverse de dónde uno está. Si eso es verdad, aquél fue el día más feliz de mi vida”…
No sé qué es lo que ustedes piensen acerca de esta frase, chic@s, la cuál pertenece a Violetta, la protagonista de la novela Diablo Guardián, de Xavier Velasco (mi libro favorito, y a mi juicio, el mejor del autor mexicano).
Por si no han leído el libro, Violetta es uno de los personajes más audaces y cínicos que pudo haber existido. Como ella misma lo dice, “a mujeres como ella no las conoces, las contraes”… Y es que Violetta es única, original, mágica. En ocasiones, puede ser egoísta, pero es uno de los personajes que más admiro. ¿Por qué? Por audaz, inteligente, arriesgada, aventurera, divertida. Por su alma y cara de niña… Físico de veinteañera, sensualidad de treintañera…
… Me está mal decirlo, pero creo que ella y yo nos parecemos mucho. Es de esas mujeres que hace lo que se les da la gana sin importarle el qué dirán (que no por eso es aprovechada), de esas mujeres que huye de la incultura, de la mediocridad y que siempre se sale con la suya, siempre logra sus propósitos y sale extremadamente bien librada de toda adversidad. Y no por la mala, sino con sus medios y esfuerzos. De esas mujeres apasionadas con lo que hacen y siempre bien amadas…
¿Por qué les cuento todo esto, chic@s? ¿Por qué les hablo de la felicidad, de Violetta y de logros? Porque precisamente, toda mi vida ha sido una aventura fascinante que me ha llevado a sitios inimaginables y que me ha hecho conocer gente y situaciones que nunca pensé conocer.
Me ha llevado a hacer cosas que nunca creí hacer… Como aprender el idioma francés en la Facultad de Letras de una de als mejores universidades de Francia, como usar un vestido Giorgio Armani con Convers de colores… Oh my Dior!!! (Les juro, lo hice ayer que salí a una velada relax y superdivertida, en un sitio en el que los tacones estaban prohibidos, debido al tipo de piso.. rocoso). Como salir con un veinteañero a un bar de mala muerte (esa historia ya se las conté, mi lapsus cougar, lol), como viajar sola al África y usar escote en un país musulmán, como aferrarme a terminar mi maestría en Francia, pese a la diferencia de cultura e idioma, como imponer mi estilo propio en mi trabajo como periodista, como enamorarme como loca de lo que hago, como creer en estar con alguien por AMOR, y no por compañía, ni por miedo a la soledad.
Cosas como tomar un avión en fin de semana de Francia a España para desayunar tapas en Madrid, o correr tras un CEO de una afamada marca parisina para conseguir una entrevista y tener un reportaje de primera mano (así me rompa un tacón de aguja justo al terminar la entrevista, #ploc!), como ir a denunciar una injusticia a una delegación en vez de irme a marchar en faldita con otras cien mujeres que en una situación de verdad grave se darían la espalda entre ellas. Como decir lo que pienso de alguien y decirlo de frente…
… En fin… Creo que Violetta tiene razón, “la felicidad es no quererse mover de donde uno está”… Y yo completaría diciendo que la felicidad es la libertad para hacer lo que nos llena, de ser nosotr@s mismos, con nuestras virtudes y defectos, la satisfacción de ver que también hacemos felices a los que amamos, la libertad para elegir lo que nos conviene, lo que nos hace sonreír, la satisfacción de ver las grandes y deliciosas cosechas de grandes sacrificios. La capacidad de aferrarnos a lograr nuestras metas, pese a que haya quien quiera impedirlo…
La felicidad, para mí, es vivir, conocer, probar, sentir, viajar, arriesgarse, intentar, levantarse de una mala caída lo más rápido posible y seguir adelante sin perder el foco en el objetivo, salir de la zona de confort, cumplir metas, enamorarse de alguien por obra de Cupido y no por obra de la presión social, ni de la edad.
La felicidad es vivir al máximo cada momento, cada triunfo, cada enojo, cada risa… Es reconocer los errores, es saber pedir perdón, es saber perdonar, es ser adulto, cortar el cordón umbilical, saber estar sol@s, tener espacio propio, no dejar que en nuestras decisiones influyan ni Papá, ni Mamá. La felicidad es ser auténtic@!
La felicidad es también un pain au chocolat acompañado de un buen café y una buena conversación. La felicidad es una cena gourmet francesa (o mexicana, o americana, o compuesta por olivas y martinis) con la compañía de una persona que comparte tus ganas de vivir y de hacer cosas nuevas. La felicidad es libertad para estar en donde quieras, trabajar en lo que te apasiona (y si te pagan por eso, wow!… es el top!… y se lo agradezco a la vida!)… dormir rico, tomar un baño calientito, escuchar a tu cantante favorit@, sentir que te arden los músculos tras una buena rutina de ejercicio, verte en el espejo y darte cuenta que tu rutina de abdominales diaria ha valido la pena… La felicidad es escuchar a Papá al teléfono, tener verdaderos amigos, darte cuenta que cuentas con ellos en las buenas y en las malas… La felicidad es estar en paz y satisfech@ con un@ mism@. Ir por más y más… Y másss…
***
… Y sí, pensé y escribí esta confesión después de una charla que tuve con una persona nociva e infeliz, una persona gris que siempre me ha tirado mala onda (desde que no quise andar con él)… Precisamente, el tipo el que un día les conté, el chico que usaba faja reductiva para adelgazar y con el que nunca quise andar… ¿Recuerdan esa Confesión? Sí, el que usaba una fajita bien mugrosa para reducir tallas… #ploc!
Hace un tiempo, lo reencontré en México, lo acababa de tronar su novia. Su vida tenía un vació terrible. Nos se hallaba, no se acostumbraba a estar solo y quería andar conmigo “al vapor”… Obvio no acepté. ¿Por qué? Porque no me gusta, porque no es un caballero, porque su personalidad inmadura no me atrae, porque soy una mujer exigente y me gusta que me conquisten, porque la miel no es para los burros… Porque no soy sustituta… Porque no me gustaba esa persona… Y podría decir muchas cosas más.
Bien, ese chico, pese a que se ha portado de lo peor (siempre que volvía a darle un voto de confianza y a contarle algún problema, días después acababa tratándome de herir con frases que creía que me lastimaban) le seguía hablando, pero antier eso acabó.
Se atrevió a decir cosas que solo diría una persona inculta y miserable, sin valores, sin escrúpulos, enferma y ardida. Cosas que solo diría una persona que no ha vivido, que no ha saboreado las mieles del triunfo, que no ha viajado lo suficiente, una persona que cree que el mundo es del tamaño de su consola de videojuegos, una persona gris que ha vivido su vida en la sombra del confort, una persona que en su desesperación por no quedar soltera, siempre busca novias de emergencia para remediar su soledad y para estar bien frente a la sociedad. Una persona que en las redes sociales no para de hablar, de hacer ruido, de hacerse el sabio, porque su vida sola, no hace ruido propio, ni tiene brillo propio. Espero que su coraje contra mí pase pronto, que todo en él esté en paz y que a sus casi 40 años, empiece a madurar y a comportarse como hombre, no como señora de mercado (con perdón a las señoras del mercado) para que comience a darse la oportunidad de conocer y tener momentos felices.
Espero que su malestar pase pronto y que un día se atreva a volar. Y que así como yo me atrevo a usar Converse de colores para una salida relax, él se atreva a ponerse un traje de adulto, y se atreva a invertir en un psiquiatra que el ayude a sacudirse todas las telarañas que tiene en su cabecita enferma…
Y ustedes, chic@s. ¿Creen en la felicidad? ¿Creen que es transitoria o que es uno quién la crea llevando una vida llena de VIDA? ¡Cuéntenme! ¡Besos y cerezas desde este frío, pero original país que es la Francia!Muack!!!



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