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Infames demonios, hermosos ángeles y una sexy guerrera en pies desnudos


Todo ha sido como una película. Un film en cámara rápida. No ha habido tiempo de detenerse. No ha habido tiempo de tirarse al drama. No ha habido tiempo de consumirse en llanto… El reloj avanza sin piedad y hay que avanzar a la par… A veces, hay que ganarle al reloj. Sí, hay que ganarle al tiempo.

“Cabeza fría, cabeza fría, cabeza fría, como siempre, cabeza fría, sinceridad, honestidad”, me dicen todos mis sentidos, quienes crean una capsula para encerrar a mi corazón junto con todas sus emociones. Mi corazón y mis emociones tienen que estar intactas, saludables.

Mi corazón debe estar a salvo, y mis emociones no deben mezclarse en mis asuntos en estos momentos, donde la impulsividad pura, la tristeza, la ansiedad o la cólera serían las peores compañías.

No puedo llorar. No hay tiempo. No puedo caerme. Tengo que mantenerme en pie, ecuánime, lúcida, sincera, guerrera, profesional, capaz. Tengo que afrontar todo lo que venga… Tal como lo he hecho siempre… esta vez no puede ser diferente, pese a lo ocurrido aquel martes…

Después de tanto pedirlo, los médicos comprendieron que tenían que darme de alta. Serviría más de pie, que en una cama con suero. Después de todo, estaba a salvo, tras la terrible vivencia.

Esa horrible experiencia, donde conocí a cuatro demonios que atentaron contra mi vida, mi integridad y mi paz. Cuatro demonios, comandados por uno de larga cola y aliento a cigarrillo.

Sí, el demonio mayor, el diablo mayor no olía a azufre como lo pintan las historias de las abuelas y en las iglesias. El demonio mayor despedía un aliento a cigarrillo mezclado con ese olorcito de una boca en la que las caries y una higiene deplorable se han apoderado de una dentadura deteriorada… Sus ojos irradiaban maldad. Una maldad y una perversidad con la que nunca me había topado. 

Ahora que lo pienso, esa maldad era herencia de la autora de sus días. Otro demonio con forma de mujer regordeta, aliento a coladera y dentadura falsas salpicada de sangre que siempre corría de unas encías sucias… El corazón y las entrañas de esa mujer-demonio estaban cancerados, podridos… Tan podridos Cómo el corazón del demonio mayor… Ese demonio lleno de envidia, de celos, invadido por la cólera y las ganas de destruir…

Solo bastó una seña del diablo mayor, para que los otros tres siguieran ordenes y se divirtieran a su antojo sacando todos sus corajes, sus celos y su veneno. ¡El horror! ¡El robo! ¡La amenaza de muerte! ¡Los golpes! ¡El llanto! ¡Las súplicas! ¡La sangre! ¡Correr! ¡La muerte ante mis ojos! ¡Las lágrimas!

Cuatro demonios a los que hasta el mismísimo diablo expulsaría del infierno, por infames y traidores… Cuatro demonios que acabaron con una vida y que intentaban destruir la mía…

… Reflejos, Dios, mi madre, las buenas vibras que me envía Papá siempre… No sé. Solo sé que me salieron fuerzas y corrí y corrí en un camino boscoso…

Pies descalzos, piedras en el camino… Pero lo logré. Nada me impidió llegar a un teléfono y comunicarme con varios ángeles. (Gracias, Dios mío)…

Ambulancia, hospitales, especialistas, profesionales en el tema… Ángeles…

(Papá, ¿dónde estás? Papá, cuídame. Papá, cuídame. Mamita, ayúdame, aleja a los diablos, Dios, recibe en el paraíso a ese ser tan amado).

                           ***

Retiré las bandas de curación de mi frente. La enfermera retiró el suero, tomé una ducha, me vestí… Hice los trámites necesarios… Salí corriendo. El momento había llegado… Reconocer que esa persona tan querida y tan admirada, había muerto. Darme cuenta de que yo estaba viva y que había escapado de las garras de esos demonios, de esos entes mal paridos…

… Caminé por el largo pasillo. Escuché gritos a lo lejos. Lamentos, llanto, amenazas… (Pal, Pal, piensa en Papá, piensa en Papá, piensa en Mamita). En mi camino, acompañada de un médico de mirar azul y bata blanca impecable, encontré a una mujer que lloraba desconsolada. Se lamentaba por la muerte de su hija, a quien había encontrado con un número atado al dedo gordo del pie.

“No puedo verme así, no puedo derrumbarme como ella”, me dije mientras continuaba caminando..

¡El horror! ¡El dolor!¡La muerte! Todos estaban presentes. Tras la pregunta obligada, asentí… Reconocí a la persona muerta, una persona a la que nunca más vería.

“Continúe, usted es muy fuerte. Es muy talentosa, tiene mucho futuro, no se deje caer”, me dijo el hombre de mirar azul y bata blanca.

“Usted es alguien que llena de vida la vida de la gente, lo veo en sus ojos. Es inteligente, talentosa, guapa, divertida, usted da brillo a la vida de quienes la rodean”, me dijo una mujer francesa de alto cargo de una institución.

Cuatro kilos y medio de menos en solo unos días, pero la fuerza de una elegante pantera negra y la lucidez a todo lo que da.

Correr, correr, correr sobre mis Convers de manzanas rojas y puntitos… (Mis muslos marcados y tonificados arden de dolor)… Hablar… Continuar. Trabajar, trabajar, trabajar. Estudiar. Estudiar. Estudiar. Nadar. Nadar. Nadar. Vivir. Escribir. Llenar la vida de brillo. Crecer, sonreír, dar gracias a Dios por una nueva oportunidad. Respirar, continuar y ponerse un nuevo par de flamantes tacones que seguro será el protagonista de nuevas aventuras, de nuevas confesiones, de nuevas vivencias. Porque la vida es hermosa y está llena de bellas sorpresas para quienes la amamos y la vivimos con pasión.

Gracias, Dios, porque estoy viva. Gracias universo, por todos tus hermosos regalos. Y a ti, desde la estrella en la que estás, descansa, honey, que yo aquí me las arreglo.

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