top of page

No todos somos diablos, ¡aunque vistamos a la moda!


“Andy, por favor, no estás haciendo ningún esfuerzo. Estás dejándote llevar. ¿Qué quieres que te diga? ‘Pobrecitaaa. Miranda la tomó contigo. Pobre Andy’… ¡Despierta! Ella solo hace su trabajo… ¿Crees que esto es solo una revista? ¡Pues no! Es un rayo de esperanza para… No tienes idea de cuántos rostros ilumina esta revista. Y lo que es peor, ¡no te importa! Porque no respetas este lugar en el que tantas personas morirían por trabajar. ¿Y quieres saber por qué ella no te da un beso en la frente y te da una estrella dorada al final del día? ¡Despierta, cariño!”…

Seguro que si vieron la película El diablo viste a la moda (inspirada en la novela de Lauren Weisberger, El Diablo viste de Prada), protagonizada por Anne Hathaway (Andy Sasch) y Meryl Streep (Miranda Presley), recordaran que la frase es parte del discurso que el chic director de arte de la revista Runway (Nigel) tiene con Andy, cuando ésta llora y se queja de su “malvada jefa”.

Debo reconocer que cada que vuelvo a ver la peli y cada que repaso el libro (que es de mis favoritos y que he leído tres veces, les juro), repaso esas #fuertesdeclaraciones del buen Nigel y las aplaudo.

Precisamente el día de hoy, cuando me ponía unos tacones blanco y negro que mega adoro (y que por eso solo he usado unas 5 veces), me acordé de ese diálogo, pues compré mis fabulosos zapatos estilo vintage hace añísisisisimos, cuando iniciaba mi vida profesional y tenía un jefe muy estricto y exigente.

Debo confesarles que muchas veces me enojaba, hacía berrinches y lloraba. Y es que mi primer trabajo no era de jefa, ni de manager. Comencé como asistente de reporteros. Y poco a poco fui avanzando. La verdad me pasaba lo mismo que a Andrea Sasch, pero a la inversa. Mi sueño era trabajar en el periodismo de moda, salud y belleza, pero en mis inicios,trabajaba para un periódico de política… Y, repito, como asistente de reportera… Ploc!!! Me quejaba y me dolía trabajar en una sección que no me gustaba. Y más me pesaba ocupar un puesto de asistente de reportero. Lo que no entendía a esa edad era que antes de reportear, ordenar, firmar una nota… ¡Debía aprender las bases!

El puesto de reportera y después de coeditora y después de editora… Y después de editora en jefe, me los fui ganando a pulso. ¡Sí! Una vez que aprendí las bases fui creciendo.

Fue la paciencia, la adaptación, la capacidad de integración (aunque, ojo, INTEGRARSE NO QUIERE DECIR TAMPOCO QUE UNA DEBE DECIR SÍ A TODO Y SER LA MARIONETA), mis ganas por aprender, el desarrollo de mis capacidades y la motivación, fue lo que me llevaron a tener un puesto de jerarquía y, sinceramente, una de las herramientas que hoy día me tiene en tierras europeas desempeñándome como responsable de un área de comunicación y realizando un Master en una de las mejores universidades de Francia(claro que también tuve toda la guía de un periodista-editor y coach laboral al que adoro y a quien le estoy infinitamente agradecida).

Por eso, bellezas, hoy lejos de contarles historias de hombres que usaban calzones guindas o prendas milagrosas para reducir tallas en segundos, o amores platónicos, quiero confesarles que lo que dice Nigel en ese extracto del El diablo viste a la moda es muy cierto y engloba una situación que es perenne en grandes y pequeñas empresas; sean del mundo editorial, publicitario, aeronáutico, etcétera, etcétera, etcétera. (Aunque no les niego que la jefa de Andy, en la peli, sí era de verdad infernal).

Y es que, ¿quién no se ha quejado de su jefe o manager? Creo que tod@s lo han hecho alguna vez. Digo, no quiero hacerme pasar por la barbera o por la buena, ya les confesé: yo también lo llegué a hacer.

Durante mis primeros trabajos en el mundo editorial, legué a llorar, sollozar, berrear a causa de que no estaba contenta con las ordenes y tareas que me encomendaban mis jefes. Eso sí, ¡jamás llegué a criticar su trabajo ni a hablar mal de ellos! ¡Jamás! Pero sí comentaba en mis adentros que según eran a veces mala ondita… Ploc! (Insistio, yo era una novata, que aún estudiaba la carrera de Comunicación. Así es, aún no estaba titulada en ese entonces).

“Ay, ¿por qué él sí se va a comer dos horas y media y yo solo tengo una hora? Yo a veces tengo que comer en mi escritorio… Y aparte tengo que ir a imprimir y engrapar… Si no soy secretaria”, recuerdo hacer dicho alguna vez cuando apenas tenía yo 20 años (una bebé) y como ya les dije, era asistente de reporteros y del editor general (hoy somos excelentes amigos).

Con el tiempo, cuando cambié de trabajo y de asistente pasé a ser reportera, me di cuenta que todos los regaños de Paco (así vamos a llamar a mi ex jefazo), las frases fuertes y los regaños que varias veces me sacaron las lágrimas, me sirvieron de mucho.


Y es que cuando por primera vez salí a reportear, junto con uno de mis mejores amigos y compañeros, Juan Omar Fierro, me di cuenta de las jodizas que se pasan en las calles cuando se trata de reportera temas de política y Ciudad. #OhmyDior!!! #chinguizas Y eso sí, el editor en jefe siempre pide cambios, más datos, fuentes precisas… A veces también me estresaba . #confesiondefashionista.

Sin embargo, la pasión por mi profesión y la adrenalina de salir a buscar una noticia me llenaba el espíritu. Y más la idea de dedicarme un día al periodismo de estilo de vida y moda; y a la comunicación organizacional, lo cual he logrado con el tiempo. Yes!

Cada que estaba a punto de explotar me tomaba unos minutos para pensar que mi editor (manager) también tenía que entregar cuentas a un editor en jefe, éste a un subdirector, y éste otro al director… Y de ahí al dueño… Pfffff… Realmente no era yo la única que quería gritar. No era la única que sufría. En fin, como buena profesional, aguantaba vara. Aceptaba las ordenes, aprendía y sin darme cuenta, crecía. Eso sí, siempre me he dado a respetar con mis jefes y compañeros, y siempre dejo las cosas claras. (Repito: tampoco vamos a dejar que trapeen con nosotros).

Conforme fui madurando y adquiriendo experiencia profesional, fui aprendiendo sobre los roles y jerarquías a respetar, sobre la pasión al trabajar (y es que es apasionante aprender, dejarse guiar y poco a poco irse ganando la confianza del jefe, quien terminará por darnos nuestra autonomía y claro, un nuevo y mejor puesto… O si no, nos iremos a una empresa más grande, y es más hasta podemos fundar una propia. Todo el secreto es aprender y aprender. Tomar experiencia).

Y es que cuando hacemos un trabajo con pasión, cuando queremos aprender, se nota y la cosecha de todo el esfuerzo es grande. En cambio, si en vez de aprender, de innovar, de echarle pasión, de respetar al jefe y aprender de él, nos dedicamos a criticar o a huevonearle, a dejar tirada la chamba solo porque vimos que vimos que se tomó dos horas de comida y eso nos indignó, o a entregar lo que se nos hincha la gana solo para salir del paso… Pffff… Es obvio que jamás ganaremos confianza, ni autonomía… Y mucho menos conocimiento… Y es que cuando iniciamos un trabajo, tenemos que tener la disposición de aprener. Primero, porque nos están dando esa oportunidad, segundo: porque no podemos llegar a ordenar a un área en la que somos amateurs. #aquínoselemienteanadie

…En fin, con el paso del tiempo, cuando tuve mi primer puesto como editora en jefa, me di cuenta de lo que ocurre cuando eres manager.

Si te vas a comer tres horas o a tomar unos martinis a las 4 de la tarde, ¡no es para echar el chisme! Muchas veces, los responsables de un área salimos con otras personas para negociar (ya sea un evento, entrevista, estrategia, buscar un sponsor o patrocinador de proyecto), en otras ocasiones si no respondemos el teléfono o el mensajero instantáneo es porque estamos en chinguiza (y no durmiendo o preparando unos muffins o en el festival de la escuela del sobrino, ¡créanme!).

Es más, me ha tocado enviar e-mails-chips (de trabajo) mientras estoy en mi hora de cardio en el gym. Y es que lo que sí es claro, es que todos tenemos una vida privada y chinguizas al lado del trabajo. Sea el gym, un master, un blog (los tres son mis casos), una vida en pareja y hay hasta quienes tienen hijos. Pero, ojo, si nos comprometemos en una cosa, seamos serios, corazones. Organicemonos para terminar con toooodos nuestros compromisos. Les juro que van a sentirse súperbien y van a ser muy éxitos@s.

Chic@s, créanlo: los responsables de un área no nos la pasamos delegando la chamba que no nos gusta hacer. Estamos día a día en tensión buscando avanzar en el proyecto que tenemos encomendado. Y en serio, también tenemos un jefe a quien rendirle cuentas (y cuando trabajas en país extranjero es todavía ooootrooo boleto, pero una experiencia supergenial).

Lo menos que pedimos a los demás es que trabajen con pasión, que aporten sus ideas, pero que se dejen guiar en las áreas en las que tienen poca experiencia, que ejerzan con amor: recuerden que todos aprendemos de todos. Les juro, cuando somos managers, no somos diablos  Y los jefes, también tenemos jefes a los que tenemos que entregar cuentas. #OhmyDior 

Eso sí, bellezas, si un día se topan con un jefe que de verdad sea abusivo, grosero o explotador o acosador les recomiendo que no se queden callados y acudan a  recursos humanos para hablar y que comience un caso que tenga seguimiento. Y es que nunca se sabe, recordemos que hay de todo en este planeta. Gracias a Dios, nunca me he topado con una persona así y tampoco se los deseo a ustedes. He tenido jefes estrictos y exigentes, pero con razones poderosas. Todos siempre me han tratado con respeto y aunque en dos casos llegué a tener una diferencia, siempre todo se arreglaba hablando. Igual, desde que tengo un puesto con cierto mando, siempre he tratado de ser justa, comprensiva (eso sí, exigente) y de crear el mejor ambiente de equipo.

Y es que el trabajo en equipo, la capacidad a trabajar bajo presión (sí, l de estar hasta el pitol, y aún así chingarle sin quejarse y SIN PONER PRETEXTOS ABSURDOS) es lo que hace crecer a un equipo y a una empresa. Y claro, es lo que nos hace tener un mejor puesto y obvioo, más lana. Y hasta nos da para pagarnos un Master.

¿Y ustedes, bellezas? ¿Son de los que se quejan y critican al jefe o trabajan con pasión y motivación para crecer y lograr los objetivos que la empresa tiene en común? ¡Cuéntenme!

Les envío un besote, cerezas y les adelanto que la próxima confesión estará ¡bien fuerte! Muack!!!

Entradas recientes

Ver todo

Comentarios


  • White Facebook Icon
  • White Twitter Icon
  • White Instagram Icon

©2019 by Paloma López, Proudly created with Wix.com

bottom of page