“Si no quieres que te pisen… ¡no te pongas de tapete!”
- Paloma López

- 22 jun 2019
- 4 Min. de lectura

“Así es esto, amigos del ‘Feis’, cuando uno se porta bien con las chavas, ellas nos ven la cara. Sin embargo, pa’ adelante y con la frente en alto. Pero antes, me voy a poner como la placa del tráiler… hasta atrás”… “Situación sentimental: paso los fines de semana charlando con Siri”… “Amigas, amigos, les cuento que después de 3 años de relación, me separo. Es difícil para mí, pero ya llegué al límite”… “Situación sentimental: divorciada”…. “Creo que a estas alturas me van a rifar… O bueno, ya, seré un forever alone. Nomás no salgo”… “Ahorita has de estar muy feliz. Yo olvido, pero el karma es el karma”… “No me quieras ver la cara de pendeja, porque entonces, ya seríamos dos”… “¿Qué te vas a ir de mi vida? Si gustas te pido un taxi”…
Juro por mi nuevo par de sandalias italianas veraniegas en color dorado que todas las frases son reales. Varios amigos tuvieron la amabilidad de permitirme que las citara. Es más, la última… es mía. La postee hace tres años en Facebook, mi relación amorosa con un tipo al que actualmente mis amigos y yo recordamos como ‘Quadri’ estaba a una nada de llegar al final.
El tema es que yo no paraba de compartir en Facebook cómo se despedazaba lo que un día había sido una relación de pareja afable y… cordial. Contaba cómo me sentía o le lanzaba “indirectas” a ‘Quadri’.
“¿Todo bien, Pal?”… “Mándalo a Júpiter”… “Ay, bonita, ¿estás bien?”… Respuestas y likes siempre había… Mensajes privados –de las personas más allegadas y hasta las menos-, también. Consejos de amor, invitaciones para tomar unos tequilas o una chelita bien fría para desestresarme, chistes para ponerme de buen humor y hasta “coaching de vida en línea que me ayudaría a salvar mi relación” era lo que me subía el ánimo durante algunas horas.
Pero días después… Ese ánimo se caía al piso cuando me enteraba que alguien con quien no convivía o que me caía supermal (y que por ende ni siquiera era mi amigo en Facebook), me preguntaba cómo iba lo de mi crisis en pareja, o simplemente, se burlaba de mi situación.
“No, bueeeeenooo. O sea, ¿qué les interesa si voy a cortar o no? ¡Es mi vida! Yo no sé cómo es que gente que no es mi amiga, se la sabe de memoria. ¡Que se compren una!… Los estados que pongo van para Quadri, no para la gente que se burla. Todos captan, menos él”, le contaba muy enfadada a una de mis hermanas.
“Pues tú eres la que da material, cuentas toda tu vida amorosa en Facebook. Recuerda que entre más te agachas, más enseñas los calzones. Y eso no está chic, Pal. Facebook está bien para echar relajo, compartir una canción, un link de tu trabajo, una página que te guste, un post coquetón de vez en cuando, una comida rica, tus zapatos, pero no para INTENSEAR, ni para mostrar que la estás pasando mal por un wey que se parece uno de los ex candidatos a la presidencia más bizarros de toda la historia. Si no quieres que te pisen, no te pongas de tapete. Imagina si hay un galán superinteligente y bien cuero que quiera contigo… Se asoma a tu Facebook y… sale corriendo. En serio, Pal, ¡basta!”, me dijo mi hermana cuando se cansó de mis quejas.
Por supuesto que me hice la ofendida. ¿Cómo era posible que mi hermana menor me haya dicho que yo “intenseaba” en Facebook y me ponía ‘de a pechito’? Sin embargo, después de un rato me di a la tarea de revisar las páginas de Facebook de los amigos periodistas y escritores que más admiro. Ninguno usaba las redes sociales para contar su vida privada.
Posteaban poco, pero cuando lo hacían, era porque tenían un buen link que compartir, un blog, reportaje u obra terminada qué compartir, una foto de algún plato muy antojable, un paisaje de ensueño, un buen texto, alguna foto en familia o en pareja, algún chiste buena ondita, promocionar alguna página buena ondita, pero nunca para ponerse “de a pechito” ante la gente, ni para atraer la atención del –o la – ex.
No dudo que algunos hayan tenido sus problemas de pareja, tal vez algún percance laboral, o alguna situación que alguna vez las haya hecho enojar. Sin embargo, no usaban Facebook como pañuelo de lágrimas, ni para tratar de atraer al ex o prospecto. Mucho menos para divertir a la gente o causarle pena.
“¡Chanclas! ¡Creo que sí estoy perdiendo el estilo”, pensé cuando regresé a mi página de Facebook y vi todos los post en los que hablaba mal de ‘Quadri’, en los que contaba que me la había pasado llorando toda la noche, en los que hablaba mal de los hombres, en los que contaba que ya todo se iba a terminar… En los que subía una foto de algún postre delicioso que arruinaba con la leyenda “sola (y triste), así estoy comiendo hoy”.
Cuando terminé de leer todos mis post en los que hablaba de mi, en aquel entonces, fraudulenta vida amorosa, quedé horrorizada.
“Ay no, ¿cómo que por qué tengo que contar toso esto a 394 personas? Mejor a un psicoanalista. Ploc! ¿Sí, estoy perdiendo el estilo!”. No solo estaba perdiendo el estilo, sino una de las cosas que más atesora el ser humano: MI INTIMIDAD.

¿Borrar los post? No lo hice. ¿Para qué? Ya estaba más exhibida que el par de zapatillas icónicas de Christian Louboutin, (bueno, no tanto así). Lo que sí hice fue dejar de exhibir a mi ahora uno de varios ex novios, de exhibirme a mí, de lanzar indirectas que podía atribuirse alguien que ni la debía ni la temía… Y de pedir un apapacho virtual. Lo que ahora exhibo… son postres, mis post, bebidas, noticias, fotos de lo que hago en mis ratos libres, mis hobbies y ¡claro!: zapatos. Muchos zapatos.
¿Y ustedes? ¿Alguna vez han exhibido sus peores momentos en las redes sociales?



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